El camillero universal…

Esto de las efemérides es un buen recurso para bucear en la historia, no olvidarla y, en la medida de lo posible, evitar que se repita. Los grandes acontecimientos, sobre todo si son positivos, considero que merecen un espacio en el futuro aunque solo sea para tratar de sacar prácticas conclusiones. Hace 150 años, en 1859, cerca de 40.000 soldados franceses, austriacos y piamonteses agonizaban en Solferino (Italia) tras una sangrienta batalla. Desolado ante su completa indefensión, un hombre de negocios suizo, Jean Henri Dunant, acudió en su auxilio con habitantes de los pueblos cercanos en un gesto que marcó para siempre las relaciones internacionales y humanitarias. Tiempo después, en su libro Impresiones de Solferino, Dunant plasmó el germen de la Cruz Roja. 

El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, nombre exacto de la organización, surgió para “cuidar de los heridos en tiempo de guerra, por medio de voluntarios entusiastas y dedicados, perfectamente calificados para su trabajo…”, según el propio Dunant. Hoy, siglo y medio después, cuenta con casi cien millones de asociados en todo el mundo y presencia en 186 países. Del original Comité Internacional de la Cruz Roja, nacido en una estancia de Ginebra en 1863, se ha pasado a una gran estructura mundial de la que forman parte tanto el mencionado comité, como la Federación Internacional de Sociedades y 186 sociedades nacionales.

Humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, unidad o universalidad. Elevados conceptos muy al gusto de la filantropía decimonónica que 150 años después han conseguido sobreponerse a guerras mundiales, religiosas y étnicas. Además, esta larga travesía ha servido para demostrar que el verdadero trabajo viene después de los conflictos y en épocas de relativa calma. Asistencia humanitaria en catástrofes y hambrunas, apoyo médico básico, intervenciones en emergencias, alfabetización, trabajo social, rescates, mediación en secuestros y altos el fuego, etc. son solo algunas de sus labores diarias.

¿Cuáles son realmente los objetivos que rigen la obra que Dunant concibió en Solferino? En términos generales, aliviar el sufrimiento humano, protegiendo su vida, salud y bienestar, y fomentar el voluntariado para poder hacerlo. Pero el verdadero mérito se halla en la creación de una gran estructura supranacional, neutral, altruista y humanitaria, capaz de atender con el mismo cuidado a austriacos y piamonteses, independientemente de la nacionalidad o creencia del voluntario que porta la camilla.


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