El río del horror…

Julio 14, 2009

selvaEl cauce se abría ante nosotros y se cerraba a nuestro paso, como si la selva se hubiera apoderado del río lentamente para cortarnos la retirada. Penetrábamos poco a poco hacia el corazón de las tinieblas”. No, no se trata de las meditaciones del capitán Benjamin L. Willard remontando el río Nung en el Apocalyse now de Coppola, sino de las del marino en El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. El comentario y la recomendación de hoy versan sobre este clásico de la literatura de viajes y aventuras en la que se basó la oscarizada película ambientada en la Guerra de Vietnam. No en vano ambos, el capitán y el agente de la CIA, buscan a un Kurtz, un hombre misterioso, extraño pero para todos sus allegados único y extraordinario, bien en su faceta de coronel norteamericano desertor y rebelde, bien como agente comercial destacado en el corazón de África por un compañía británica. Gracias al auténtico filón literario que supone la Cuesta de Moyano, he tenido la posibilidad de disfrutarlo en tres calurosas y tranquilas tardes de verano.

La obra de Conrad, también conocido por su libro Lord Jim, tiene esa pesadez descriptiva de muchas de las obras del siglo XIX, con profusión de detalles y giros ya en desuso, pero que cumple a la perfección la función de, por decirlo de algún modo, ventana a las maravillas inexploradas del mundo. Es decir, posiblemente Julio Verne, y por alusiones Conrad, no hubiera tenido el éxito que cosechó en una sociedad como la actual en la que la geografía, el espacio y la técnica han alcanzado un nivel impensable hace solo un siglo. Cierto es que, de escribir en la actualidad, sus tribulaciones se basarían en Internet, viajes a Marte y energías renovables infinitas, pero creo que no sería lo mismo porque el hombre, ya desde joven, vive en un constante aprendizaje y control del medio, en un planeta donde cada vez existen menos lugares recónditos y tribus sin contactar.

 
Pero es precisamente ese espíritu aventurero, de viajeros con rifles y porteadores, lo que hace de novelas como El corazon de las tinieblas obras amenas y entretenidas. ¿Quién no ha soñado de pequeño con ser un valiente explorador y luchar con leones y caníbales (la tripulación de Marlow lo es)? ¿Quién no ha querido protagonizar alguna de las novelas de Verne, Salgari o el mismo Conrad? Yo, sin ir más lejos, hubiese renunciado a mi postre para siempre por poder viajar en el Nautilus aunque fuese una legua y en la superficie…

Ahora bien, dejando aparte ramalazos juveniles, Conrad consigue crear una novela que va mucho más allá del mero ejercicio aventurero. Por varias razones. Una, su velada y a veces abierta crítica al colonialismo europeo del XIX en África, con sudorosos y racistas blancos esquilmando el territorio habitado por ‘bestias’ además de por animales salvajes. Dos, su bien construida travesía por el río, que al igual que en la mencionada película de Coppola, vertebra la historia y la hace crecer aunque siempre se navegue a contracorriente, en una atmósfera en la que la selva, las tinieblas, someten al hombre a una presión asfixiante, con cientos de ojo acechando en la mancha negra que comienza en ambas orillas. Y, finalmente, Kurtz. Él es la clave.

“¡El horror!, ¡el horror!”, repiten ambos Kurtz con ojos enfermizos por la fiebre y su estancia en el infierno… Su figura se sitúa en el corazón, en el centro de las tinieblas, como una piedra Kaba alrededor de la que gira no sólo el protagonista, sino todo el universo del relato. Idealizado por todo aquel que ha tenido la oportunidad de conocerle y totemizado por los pueblos (vietnamitas o africanos) que acaudilla, Kurtz es en sí mismo un mito real e imaginario, que no obstante finalmente muere como el resto de seres humano pese a que el vacío se haga insoportable para sus fieles. “¡El horror!”, pero ¿qué habita en la mente del señor de las tinieblas?


El triunfo del orgullo…

Julio 8, 2009

El pásado sábado asistí a esa mezcla autóctona de carnaval, desfile de la victoria, discoteca ambulante y botellón que supone el desfile del Orgullo Gay. Apostado en la confluencia de Alcalá y Gran Vía pude comprobar como cientos de miles de personas se movían al son de los dj de cada una de la carrozas camioneras y de las millones de latas de cerveza y minis de los participantes.

Mirando hacia arríba, hacia el edificio de Telefónica, se podían ver como avanzaban las carrozas completamente rodeadas, como lentos elefantes de películas de romanos y escoltadas por cientos de “gladiadores” aptos para cualquier anuncio de gimnasio. Si no fuera por la falta de lluvia de papeles de colores podría decirse que se trataba de uno de esos históricos desfiles que sólo Nueva York puede acoger cuando gana un presidente emblemático o se logra una victoria en una guerra mundial. Hasta aquí la parte estética pero ¿y la ética?

¿Qué hay debajo de todo esto? ¿Son fundadas las críticas de chabacanería, frivolidad y ausencia de contenido reivindicativo? ¿Madrid se merece tener que soportar cinco días de fiesta con su alto ruido, suciedad nauseabunda, ebriedad campante y demás?  No lo sé, pero creo que independientemente de la orientación sexual que marca el momento, es necesaria siempre la coherencia… Hordas madridistas en Cibeles, misas multitudinarias en Colón, desfiles militares en Castellana, cabalgatas de reyes magos por medio callejero, centenares y centenares de manifestaciones ante el ministerio de turno, procesiones en Semana Santa, verbenas y carreras populares…y esto sólo en Madrid. ¿Imponemos una especie de omertá urbana y suprimimos todo lo que supere unos cuantos decibelios? Porque los siguientes en caer serán los “abrezanjas”…

Pero a fin de cuentas, el ruido y las molestias al ciudadano centran sólo una parte de las críticas. Las otras andanadas van contra la supuesta pérdida del sentido de reinvidicación y lucha por los derechos de estos colectivos. Incluso parte de ellos se oponen a la imagen estereotipada de pseudocarnaval y orgía que se ha vendido en los últimos años.

Sinceramente creo que el desfile encierra en sí parte de reinvidicacion y lucha, porque refleja la libertad sexual que ha sido precisamente uno de los grandes déficits que estas personas han tenido en la sociedad. No pegaría mucho que se encapucharan y lanzasen tornillos como los de la Naval o que cortasen el gaditano puente Carranza. Además, queda claro que el Orgullo Gay hace tiempo que mutó de jornada de reivindicación a fiesta, pero ¿acaso no ha sucedido eso con el 1 de Mayo?

A ver si el problema va a ser que son gays…


La venganza de la Naturaleza…

Julio 7, 2009

ataqueSolo un inquietante suceso digno de Poe. Hace unos días Ross, mi imprescindible alter ego, corría confiada como todos lo días por el Retiro. De repente, sintíó un dolor agudo en un gemelo y, girando la cabeza, descubrió horrorizada un ser peludo y violento que clavaba sus afiladas garras en su carne. Y cuál fue su sorpresa al comprobar que ese engendro diabólico era… una ardilla. Sí, se le había tirado una ardilla. ¿Será el inicio de la venganza de la Naturaleza? ¿Se llenarán los postes y cables de teléfono de pequeños roedores emuladores de Los Pájaros que atacarán a rubias maestras y despavoridos niños? Reconozcan que, como cantaba Blades, la vida te da sorpresas y, en este caso, arañazos.