Junio 21, 2009
Una grieta de una baldosa de la estación de Cercanías me trae a la mente polvorientos proyectos que, como esta placa de estética setentera, hace mucho que tiempo que se hallan en ruinas, resquebrajados por la acción combinada del viento de las pequeñas luchas diarias, el agua del difícilmente mitigable conformismo y el salitre de nuevas apetencias.
El terminar siempre lo que se empieza queda muy bien como moraleja final de capítulo de serie ñoña de Disney Chanel, pero en la práctica es bastante difícil de cumplir.
Si abro la papelera de reciclaje de mi endemoniado Windows (sálvanos Steve Jobs) aparecen pequeños y grandes archivos con el olvido como elemento común. Si el infierno está llenos de buenas intenciones, entre cada una de ellas se hallan los propósitos de enmienda, pero, ¡qué diablos! no se trata de cumplir un estalinista plan quinquenal cada día y el hecho de volver a retrasar el estudio del inglés, permitir que sobre el coche se deposite una nueva capa de sedimentos o ser incapaz de eliminar del rico castellano propio las ráfagas de tacos no es motivo para acabar durante toda la eternidad en la sala de calderas.
Pero luego están las grandes proyectos, las heroicas metas que hinchan pechos en los días de euforia aunque sea por unos segundos: presentar el Telediario, ganar un premio combinado del Pulitzer, el Nobel y la Medalla al Trabajo, desequilibrar con mi sueldo el PIB… y sobre todo dejar una huella. Pero una impronta no a modo de placa en el callejero como los AC/DC o el Mar de Arán, ni tampoco acumular miles de resultados de Google al teclear mi nombre.
Miro de nuevo hacia la grieta pero esta vez de forma muy rápida porque ya entra cansinamente el tren en la estación y busco la palabra clave. ¿Amor? ¿Dinero? ¿Poder? ¿Sexo? ¿Gloria? No, de repente caigo y la solución es mucho más fácil que todo esto. La solución está en las caras de los grises pasajeros que, a modo de manada, son vomitados por las puertas del ruidoso tren. No se trata de ser el primero, ni el mejor, sino de haber alcanzado la posición dominante y eso, aunque parezca ridículo, es posible tan sólo con una sonrisa.
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Escrito por CD Pinar
Junio 14, 2009
Tras un ligero parón por circunstancias de la producción, retomo el teclado para contar otra grata sorpresa aunque, siendo sincero, contaba con una documentación previa que había colocado el listón bastante alto. Continuando con el grato peregrinar por la distintas sedes de Photoespaña 2009, mis pasos me llevaron a la Fundación ICO, ese gran espacio apenas conocido y que, silencioso, se halla agazapado en la parte la trasera del Congreso de los Diputados. Sí, sí, el mismo ICO que se ha convertido en el santo al que van dirigidas todas las plegarias en busca de créditos y liquidez.
Dorothea Lange, a esta especie de Katherine Herpburn de la cámara, alta, delgada, fibrosa y una vitalidad sencillamente apabullante, está dedicada la muestra “Los años decisivos”. Fotógrafa de retratos de gente bien durante la Gran Depresión, las largas colas de parados del Skid Row hicieron que dejase todo, incluido marido y criatura, y se convirtiese en fiel escriba de los desheredados de entonces, a saber, los golpeados por el Crack del 29 así como los granjeros aplastados por la sequía y las tormentas de polvo. De sus negativos salen mocosos sucios, jornaleros con rostros tallados en madera y mujeres secas por el trabajo, el hambre y la ilógica prole. Un halo flota en la sala: son Las uvas de la ira con las que Steinbeck en la máquina de escribir y Lange en la cámara grabaron a fuego en las conciencias del siglo XX el drama de los okis (nombre despectivo con el que se llamaba a los trabajadores desplazados que, huyendo de la pobreza, llenaban las carreteras desde Oklahoma). La pobreza, en blanco y negro, se mastica.
Las decenas de fotografías conforman un todo que hay que descubrir con un respetuoso silencio (sólo trastornado por el gimiente parqué) en el que la clave se halla en las miradas. Ojos gastados, enmarcados por cuerpos deslomados y harapientos pero siempre dignos, que ofrecen un doloroso recordatorio de dramas que nos parecen lejanos pero que anualmente se repiten entre olivares de Jaén o fresas de Huelva. ‘Migrant Mother’, su gran retrato, constituye el auténtico himno de una década dolorosamente recordada en estos tiempos de falsos dioses financieros.
Pero Lange va mucho más allá, como pone de manifiesto en su serie sobre las deportaciones masivas de ciudadanos americano-japoneses a campos de concentración durante la II Guerra Mundial para evitar que colaborasen con el enemigo (pese a ser ciudadanos de Estados Unidos hasta de tercera generación). Este borrón en el hasta entonces impecable historial democrático de Estados Unidos es un aviso a navegantes sobre la facilidad con la que los derechos civiles pueden verse pisoteados en épocas convulsas. Y de ahí al fascismo van sólo una iconografía y un líder carismático. Pero eso es otra historia…
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En el día a día | Etiquetado: Dorothea Lange, Fundacion ICO, Gran Depresión, migrant mother, Photoespaña, Steinbeck |
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Escrito por CD Pinar
Junio 9, 2009
Sumergidos en la monotonía diaria, que tiende a cubrir con tonos grisáceos la realidad que nos rodea, a veces, muy pocas, tenemos la suerte de presenciar un chispazo que nos hace girar la cabeza, esperar el siguiente metro y disfrutar de lo que más nos gusta. No sé si por vocación pero sí al menos por afición, mi carné es el de periodista y es normalmente en la prensa donde tengo la suerte de descubrir pequeñas joyas entre mucha, mucha información prescindible. La última vez que me sucedió fue hace unos meses, en pleno ‘Caso Eulana’. Mientras que todo el mundo miraba a esa (políticamente hablando) desarbolada Italia, y la opinión internacional se fragmentaba entre el derecho a la vida y la muerte de una desgraciada joven en coma desde hacía décadas, llegó a mis manos el artículo Pidan perdón a Beppino Englaro. A éste, al padre de la joven y luchador incansable para lograr su derecho (o no) a morir, le dedicaba Roberto Saviano un artículo de opinión que, sin exagerar, me reencontró con el periodismo. Este escritor en la diáspora por haberse atrevido a destripar la Camorra napolitana en su laureada Gomorra (otro libro para tareas pendientes) firmó unas líneas que sinceramente recomiendo a todo el mundo. Más allá de las dos facciones enfrentadas en ese triste circo mediático que supuso el final de la joven, Saviano se centra en el papel de la Justicia y de las instituciones para sacar las miserias de una sociedad, la italiana, gravemente enferma según él. Un trabajo impecable. Pero, ¿por qué viene a mi memoria este artículo sobre un tema ‘quemado’ en los medios? Quizás por la presencia del Sr. Englaro en España para presentar su libro, quizás por la bonita foto suya en la plaza de Matute que ilustra una entrevista en El País o simplemente porque como dicen algunos el periodismo que triunfará no será el que mejor soporte tenga, sino el que mejores historias cuente…
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En los medios | Etiquetado: Beppino Englaro, Eulana, Italia, Jusiticia, muerte, Periodismo, Roberto Saviano, vida |
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Escrito por CD Pinar
Junio 8, 2009
Tras los sueños imperialistas de personajes mitificados como Carlomagno, Napoleón y demás referentes del paneuropeísmo a espada y mosquete he aquí que nos encontramos con que ayer, de nuevo, Europa sufrió un rapto, o mejor, por aquello de la sociedad de la información y las nuevas tecnologías, un secuestro exprés. Trataré de explicarme. Los siglos XIX y XX fueron, básicamente y desde las lecciones de estrategia del pequeño gran corso, un espantoso baño de sangre entre franceses y alemanes, especialmente tras la Guerra Franco-Prusiana. La grandeza de la actual Unión Europea es que puso fin a esta sucesión de “tempestades de acero” de Jünger, y evitaba que hecatombes como las de Verdún, el Somme, Dunquerke, Las Ardenas o Montecassino pudiesen volver a producirse. De paso, se plantaba cara aunque fuese especialmente en el terreno económico al peligro rojo de más allá del Telón. Y una vez nacidos, a crecer y multiplicarse…
Cautivo y desarmado el peligro comunista, la Unión Europea se ha convertido en un gran club de 375 millones de ciudadanos lleno de buenas intenciones pero muy poca cintura. En la jornada de ayer se produjo el índice de abstención más alto de toda su historia (con países con poco más del 20% de votos) y por si fuera poco los grandes ganadores han sido los partidos extremistas (especialmente de derechas y, por tanto, tendentes al nacionalismo) y, curiosamente, los euroescépticos. Ante un panorama desolador, cabe preguntarse: ¿Qué supone la Unión Europea para los ciudadanos aparte de subvenciones para las vacas y un bonito símbolo en las matrículas de lo vehículos? ¿Qué une a un pescador de Faro, en el Alentejo portugués, con un corredor de seguros de Praga, en la República Checa? Tras el desastroso vendaval electoral que nos ha azotado en las últimas semanas sigo sin entender qué soy como europeo y hacia dónde me dirijo, como pieza de un inmenso rompecabezas en el que las partes no encajan. Y es necesario que lo hagan, porque creo sinceramente que este imperfecto sistema burocrático es una garantía para evitar fulgurantes ‘guerras relámpago’ y canallas francotiradores en las calles de Sarajevo. Eso sí, que se prepare la bella Europa, que ya queda menos para el próximo secuestro exprés…
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En el día a día, En los medios | Etiquetado: abstención, ciudadano, elecciones, secuestro, union europea |
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Escrito por CD Pinar
Junio 7, 2009
Vivir en la Corte siempre opone a la gran
calidad de vida provinciana experiencas, vivencias y “posibilidades de” que hacen que la existencia en la urbe sea al menos algo impredecible. La oportunidad de esta tarde de domingo ha sido poder disfrutar, sin prisa, sin pausa y con tiempo de buscar en las imágenes simbolismos más o menos acertados, de la exposición “Retratos de Nueva York: Fotografías del MoMA” en ese auténtico oasis que constituye La Casa Encendida. En este singular edificio (que por momentos me reconcilia con el sector bancario) el espectador, desafiando las inclemencias polares de un derrochador aire acondicionado, se encuentra con el mítico Babe Ruth, leyenda de los Yankees, obreros-malabaristas de rascacielos, callejones no aptos para turistas, codos borrachos en bares de Brooklyn, grandes automóviles de consumo insostenible y hasta histéricas beatlemaníacas rendidas a George Harrison… En las salas A, B y C se suceden algunos de los mejores instantes congelados de un grupo de fotógrafos en los que me pongo como tarea pendiente profundidar. Eso sí, entre ellos se halla ‘Weegee’, maestro de los sucesos y que contó con una exposición propia en la Fundación Telefónica hace unas semanas. A fin de cuentas, algo bueno tiene que haber en compartir acera con millones de personas.
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En el día a día | Etiquetado: casa encendida, exposicion, fotografia, fundacion telefonica, Madrid, Nueva York |
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Escrito por CD Pinar
Junio 5, 2009
Cuaderno de bitácora. Segundo día de navegación.
Como mandan los usos y buenas costumbres, hay que presentarse. Mi nombre es Álvaro Martín Valcárcel y vivo desde hace unos años en la Corte porque, siguiendo la estela de miles de paisanos, como buen extremeño me fui a hacer las Américas, en este caso los “Madrides”.
Vivo en Lavapiés. Sí, en el mítico Lavapiés que ni es tan mestizo ni tan canalla, pero que es un lugar en el que realmente merece la pena vivir. Precisamente por ello, mis ‘Misterios de Madrid’ no son ni de lejos los de Antonio Muñoz Molina, sino que, como muestra, gastronómicamente son el arroz polao, el durum y la cerveza Kobra. Y de ahí en adelante… El resto los iremos comentado si os parece bien.
Libro del día (que me acompaña actualmente en mis eternos trayectos de la línea 1 de Metro): A Paso de Cangrejo, de Günter Grass. A grandes rasgos, analiza uno de los innumerables dramas de la II Guerra Mundial, el hundimiento por un submarino ruso del barco Wilhem Gustloff, cargado hasta los topes con más de 9.000 refugiados alemanes y que perecieron en su inmensa mayoría, 4.000 de ellos niños. Para ser coherentes, haremos la crítica cuando lo terminemos aunque he de reconocer que por El tambor de Hojalata Grass ya tiene mi aprobado. Ahora, a por nota…
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En el día a día, En los libros | Etiquetado: Antonio Muñoz Molina, crítica, Günter Grass, Lavapiés, libro, Madrid |
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Escrito por CD Pinar
Junio 4, 2009
Hoy es un día importante porque abrimos un cuaderno en el que todos podemos escribir y opinar libremente. Gracias a los del pequeño empujón que han conseguido que entre en el universo bloggero… Como buen mercenario de teclado, periodista de titulación, escritor de aspiración y redactor de profesión, ofrezco un espacio para comentar una extraña mezcla compuesta de lecturas, actualidad, historias de la historia y, por supuesto, experiencias personales.
Pasen, están en su casa…
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Escrito por CD Pinar